Libertad y Derechos

Frente a la intención del Estado de ejecutar una exigencia a las Iglesias de que sus ministros sean el 50 por ciento mujeres, creemos pertinente, como organización profundamente cristiana y humanista, plasmar nuestra postura.

La base autoritativa de la Iglesia Cristiana es la revelación de Dios y no los principios humanos, por tal motivo si aceptamos la intervención del Estado en las cuestiones intra-eclesiásticas, le estaremos dando al César lo que es de Dios. La cuestión no debería ser sólo la separación ESTADO-RELIGIÓN, sino también impedir que el Estado decida cómo efectuar las reglas prescritas; si se habla de apartar uno del otro, debe ser en forma recíproca, de otro modo, carece de sentido.

Como cristianos, no nos oponemos a la participación de la mujer dentro de nuestras Iglesias, de hecho, tenemos la plena seguridad de que tanto hombres como mujeres, tienen la capacidad de ejercer cualquier función eclesiástica o ser ordenado Ministro para realizar la tarea evangelizadora que la Gran Comisión nos demanda.

Pero nos llama poderosamente la atención la intromisión del Estado dentro de las cuestiones religiosas y de culto en general.

Consideremos que uno de los derechos fundamentales expresados en los Tratados Internacionales es el de la Libertad de Culto, con toda la completitud y complejidad que esto significa.

La Declaración Universal de Derechos Humanos  expresa en su artículo 18 que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

Además, la Constitución Nacional en su artículo 14 nos indica que “todos los habitantes de la Nación gozan del derecho a profesar libremente su culto”; por consiguiente,  no puede tener un condicionamiento del Estado para ejercerla.

Los cristianos pertenecemos, vivimos y nos expresamos con símbolos propios, signos, modismos, usos de lenguaje, forma de vestir y hasta hábitos alimenticios. Teniendo en cuenta esto, ser y practicar (y nótese que el ser está en primer lugar) un culto, exige el respeto  pertinente a todas estas características antes mencionadas, no debiendo el Estado tomar parte entrometiéndose en los asuntos propios de nuestros grupos religiosos, siendo esto un asunto de Derechos Humanos garantizados por los Tratados Internacionales y por la Constitución Nacional.

Destacamos también que el artículo 16 de la Constitución Nacional declara la  idoneidad como  la única condición para acceder a un puesto laboral, en este caso dentro de una asociación civil como serian muchas de las Iglesias.

Para finalizar, inferimos que visualiza una cuestión de intromisión y violación al derecho de Libre Profesión de Culto, el hecho de que una legislación determine o pretenda determinar quiénes deben formar parte de un oficio religioso. 

___________________Febe Eudelia  Kramares (CEJUS Chaco)____________________